Crónica de un día con la marcha que está en las puertas de La Paz



Eran exactamente las 18:00 cuando la primera bandera marchista llegó hasta Urujara, una comunidad en plena cumbre de la cordillera, a unos 12 kilómetros de la ciudad de La Paz. La penúltima jornada, el último tramo antes de la recta final de un recorrido de más de 60 días había sido vencida. Pero, el día de caminata comenzó unas 11 horas antes.

Eran las 6:30 de ayer martes cuando llegamos a la Terminal de Buses de La Paz, el objetivo era alcanzar la marcha indígena denominada “en defensa del TIPNIS”, que según sabíamos estaba en una comunidad llamada Pongo, a 38 kilómetros de la sede de Gobierno. Una consulta, una llamada y estábamos en camino. Había que tomar un minibús hasta Villa Fátima y luego, abordar un bus, “cualquiera” nos dijeron, hacia Los Yungas de La Paz; y en el camino, encontraríamos la marcha.

No hubo minibús, sí un taxi. Luego de hacer un par de cálculos con el chofer resultó que él mismo podía llevarnos hasta el lugar por un monto algo mayor al que hubiese costado el recorrido recomendado.

Cuando los kilómetros ya habían agotado el presupuesto acordado el taxi paró y el amable chofer nos invitó a seguir el recorrido a pie.

– “Es un poquito nomás los que hay que seguir bajando joven, vayan nomás a manera de pasear y sacar fotitos”, dijo.

– “Pero, no hemos encontrado la marcha”, respondimos.

– “Pero ya van a encontrar, aquisito nomás es Pongo, pasan dos curvas y los van a encontrar”, aseguró.

Bolsos y equipo en mano, una media hora de caminata después, y no había ni rastros de la marcha. Pero, casualmente dos curvas más tarde vimos banderas, era la marcha. Los marchistas habían salido de Pongo unos 25 minutos antes y recorrido unos 5 kilómetros, llegamos “casi” al principio de la importante jornada.

El camino ahora era de subida y las bolsas multiplicaron su peso rápidamente, era admirable el ritmo del paso impuesto por los marchistas. En el camino al menos una docena de camionetas y un número similar de auxilio médico y de seguridad dispuesto por la Alcaldía paceña y hospitales y clínicas de esa misma ciudad resguardaban la marcha y estaban atentos a cualquier percance en el recorrido.

Yuquis, mosetenes, yuracarés, guaraníes, miembros del Conamaq, algunos estudiantes y varios activistas se distinguían perfectamente en esas dos columnas de algo más de 1.000 personas que, entre la vanguardia y retaguardia, cubrían casi un kilómetro y medio de asfalto.

Guardias marchistas de seguridad con ponchillos de color naranja se encargaban de evitar que la marcha ocupara más de un carril de la carretera a los Yungas y también de que los vehículos no atropellasen a los indígenas.

Después de unos 10 kilómetros de recorrido se hizo el medio día. La marcha descansaba en lapsos no mayores a los 10 minutos cada dos horas y entre descansos y a veces, en los tramos de la caminata, grupos musicales autóctonos del oriente boliviano acompañaban la jornada con algunas notas. Al final hubo un guitarrista que interpretó toda una mañana de canciones, sin repetir una sola.

Entonces la marcha dejó de ser sólo indígena y se multiplicó. Los auxilios, los medios de comunicación, la logística y hasta representantes de instituciones, hospitales y gente de buen corazón que acudió en apoyo de los marchistas con ropa y víveres se fue sumando hasta el punto de colapsar el tráfico vehicular, que se hizo imposible en esa vía el resto del día.

Los indígenas agradecieron sorprendidos las repetidas muestras de cariño, hubo señoras mayores que se acercaban llorando a abrazarlos y manifestarles su apoyo; niños que les llevaban ropa, comida y bebida se sumaron a las columnas y acompañaron por algunos cientos de metros.

Cerca de las 14:00 la cuesta llegaba a su fin; ya se llegaba a La Cumbre. Los periodistas, unos quince de medios del exterior y un medio centenar de nacionales, hicieron su propia marcha. Por kilómetros acompañaron algunos tramos a pie y otros, en vehículo. Para entonces había una romería de unos 100 vehículos alrededor de la marcha, casi no se podía ver a los marchistas desde cierta distancia.

Pero el verdadero caos se

dio una hora más tarde, cuando la marcha llegó a La Cumbre. Allí un comité de bienvenida improvisó discursos con pretensión de detener la caminata, pero los marchistas insistieron en seguir, y como ya habían vehículos detenidos y gente en medio, hubieron de seguir entre periodistas, autos y curiosos.

El crujir de rodillas, insensibilidad en las orejas , el rostro entumecido por aquella brisa del altiplano que parece quemarte. Era sólo el frío. El camino entonces se hizo plano y la marcha siguió por 3 horas más. Ya los periodistas estaban a bordo de cualquier vehículo, incluso nosotros, que pudimos cronometrar la llegada de la marcha al campamento, eran las 18:00.

Datos.

Último tramo

La marcha que defiende la preservación del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) llegó ayer a las puertas de La Paz,

la tranca de Urujara, tras conquistar La Cumbre, a 4.700 metros sobre el nivel del mar, y pasar el tramo más difícil de los 65 días de esta movilización que recorrió 602 kilómetros.

Altura.

Los indígenas tuvieron que ascender más de mil metros, de Pongo. Varias personas sufrieron las consecuencias del frío y la altura y tuvieron que ser auxiliadas con el suministro de oxígeno por el personal médico de las ambulancias municipales.

El hombre de la bandera roja
“El ánimo es tan grande que me hace creer en nuestra lucha, la emoción con la que nos recibe la gente, cómo nos acompaña, nos hace seguir adelante”, asegura Emilio Onari, originario de la provincia Yacuma, Totaisama, a unos 50 kilómetros de San Borja, en el Beni.

Emilio es conocido también como “el hombre de la bandera roja” debido a que es quien encabeza toda la marcha y marca el paso de los marchistas, empuñando un mástil de unos 3 metros de largo, del cual pende una bandera roja. “Antes era una bandera nacional pero la cambiamos por roja para marcar el inicio de nuestra marcha y que nos identifiquen”, cuenta.

Pero, pese al entusiasmo y las ganas de llegar al objetivo, Emilio también reconoce que sus capacidades físicas han mermado con el recorrido y con las condiciones del clima y la hostil geografía. “Nosotros en mi pueblo caminamos a veces hasta dos días seguidos de una sola vez, pero ahora no podemos caminar ni dos horas seguidas sin hacer una pausa aunque sea de 10 minutos”, explica. Sin embargo, la convicción que muestra se refleja en su determinación de seguir siempre adelante, tras cada pausa, que él mismo se encarga de que no sea muy prolongada.

La marcha en defensa del TIPNIS vivió ayer el momento más duro antes de su último destino
Quizás por los dos meses que llevan viviendo en las carreteras, tal vez por el cansancio lógico de una marcha que lleva alrededor de 600 kilómetros, o simplemente por la drástica modificación del clima en su recorrido, los últimos 38 kilómetros de la marcha indígena en defensa del TIPNIS, que inició en agosto pasado en el departamento de Beni vivió ayer su jornada más exigente, justo un día antes de llegar a la ciudad de La Paz para pedirle al presidente Evo Morales que el tramo II de la carretera Villa Tunari San Ignacio de Moxos, no atraviese por la reserva natural, que los pueblos indígenas de tierras bajas llaman con una convicción conmovedora como su “casa grande”.

Y es que las condiciones geográficas y climáticas castigaron como nunca antes en la travesía, según reconocieron los protagonistas tan sólo tras su llegada a la localidad de Pongo, a 38 kilómetros de la ciudad de La Paz, hasta el punto de haber dejado un medio centenar de bajas entre los marchistas, sobre todo niños y mujeres. Y al menos una docena más durante la jornada de este martes, en la que la marcha se extendió por unas 9 horas casi ininterrumpidas.

El frío y la altura sobre el nivel del mar no tuvieron clemencia con los marchistas que subieron desde una altitud que apenas alcanza los 1.000 metros sobre el nivel del mar, hasta los poco más de 4.600 cuando llegaron a La Cumbre, ayer pasadas las 14:00. Cuentan también que el lunes, a su llegada a la localidad de Pongo el cansancio era tal que esa tarde de lunes todos se metieron en el primer arroyo que vieron, como lo hacen en sus lugares (del trópico). Sin embargo, el agua de deshielo castigó y derivó en serias infecciones respiratorias ya por la noche. Y que por la madrugada ambulancias tuvieron que trasladar a unas 50 personas, hasta centros médicos en La Paz.

Ayer, durante la marcha, los primeros 12 kilómetros fueron de un recorrido en subida, en pendientes con un promedio de 30 a 35 grados; además la temperatura bajó drásticamente hasta casi llegar a cero grados centígrados; y aunque por fortuna para los marchistas no llovió, una densa neblina acompañó al menos el 80 por ciento del recorrido de casi 27 kilómetros. La marcha partió de Pongo y se detuvo por unos 15 minutos en La Rinconada, donde comienza La Cumbre y donde unas 500 personas le dieron un cálido recibimiento, con música autóctona y aplausos.

El recorrido continuó hasta Urujara, a 11 kilómetros de la ciudad de La Paz, donde los diversos grupos de apoyo logístico que acompañan a la marcha dispusieron un campamento, allí pasaron la noche en espera de reanudar su travesía hoy miércoles hasta la plaza Murillo.

La ausencia de dos meses

Hace dos meses que algunas familias en el oriente boliviano se han quedado sin algún miembro de su familia, otras sin ninguno.

Varios marchistas contaron que tienen en casa entre 5 y 7 hijos y que lo único que esperan es que a su retorno no hayan malas noticias, que nadie se haya enfermado o haya sufrido algún accidente.

Otros marchistas están en las columnas junto a sus mujeres y sus hijos, algunos ya bachilleres e incluso profesionales. Sin embargo, también hay un buen número de mujeres que llegaron con sus hijos más pequeños hasta la marcha y dejaron otro tanto en casa junto a sus maridos.

Orquídea, símbolo de la caminata

Le pusieron de nombre Orquídea, es una bebita de ocho meses de edad y ha pasado dos de ellos marchando en los brazos de su madre. Y se ha convertido ahora en uno de los mayores símbolos reconocidos por los mismos marchistas, de su movilización.

Resulta que Orquídea no sólo ha acompañado en todos los tramos de los más de 60 días de marcha, sino que fue una de las más afectadas por la brutal gasificación del pasado 25 de septiembre, estuvo en riesgo, pero al igual que la reivindicación supo

salir adelante.

Los zombis marchistas

“Ahí están pues los zombis”, dijo un periodista en plena marcha indígena

ayer cerca de La Cumbre. Y cuando le preguntaron quiénes eran los zombis dijo: “Óscar Olivera, el

Álex Contreras y el Sergio Almaraz.

Otro periodista preguntó ¿por qué zombis? “por-que ya estaban muertos pero igual siguen caminando”, replicó de inmediato.

En medio de las risas generales de los periodistas otro completó: “entonces son los zombis marchistas”.

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